En un suceso que parece sacado de una novela de ciencia ficción, la isla Redonda, ubicada en el Estado Libre Asociado de Antigua y Barbuda, ha experimentado una notable transformación tras la eliminación de más de 6000 ratas y todas las cabras que la habitaban. Esta isla, que había sido despojada de su población humana en 1930 debido a la invasión de estas especies, ha comenzado a recuperar su biodiversidad.
La historia de Redonda se remonta al siglo XIX, cuando el gobierno británico inició la extracción de fosfato de alúmina en la isla, un recurso crucial para la fabricación de pólvora. Este proceso resultó en la producción de unas 7000 toneladas anuales de mineral, pero también condujo a un aumento en la llegada de barcos y a la contaminación del entorno. Como consecuencia, la población de aproximadamente 120 personas se vio forzada a abandonar la isla debido a la proliferación de plagas que hicieron imposible la vida allí.
Con el tiempo, lo que alguna vez fue un paraíso tropical se convirtió en un terreno árido, apodado “la roca” por los lugareños. Según el Grupo de Conciencia Ambiental (EAG), las ratas y cabras jugaron un papel crucial en la deforestación y desertificación de la isla, lo que llevó a la extinción de especies endémicas como el eslizón y la iguana, así como a la desaparición del búho excavador de Antigua.
Para 2012, la situación ecológica era tan grave que las cabras comenzaron a morir. En respuesta, en 2016, organizaciones ecologistas iniciaron un ambicioso proyecto de restauración. «Eliminamos las especies invasoras, y en pocos meses, la vegetación comenzó a florecer nuevamente», afirmó Johnella Bradshaw, coordinadora del programa Redonda del EAG. Este enfoque pasivo de restauración, que no involucró la plantación de nuevas especies, permitió que la naturaleza recuperara su curso.
Actualmente, la isla es reconocida como la Reserva Ecosistémica de Redonda, abarcando 30 mil hectáreas de tierra y mar, que incluyen praderas marinas y un extenso arrecife de coral. Con el apoyo del gobierno de Antigua y Barbuda, se han implementado medidas de bioseguridad para prevenir nuevas invasiones y se están evaluando las reintroducciones de especies originales como iguanas y búhos excavadores.
Redonda es ahora un ejemplo de cómo los ecosistemas pueden recuperarse de manera natural cuando se eliminan las especies invasoras. “Demuestra que la reintroducción de especies silvestres funciona cuando se deja que la Madre Naturaleza haga lo que mejor sabe hacer”, concluyó Bradshaw.
Fuente: La Nación

