Laura Massolo, autora del libro de cuentos Al borde, recuerda con nostalgia sus noches de escritura en el último tren Roca, el que partía a las 0:40 hacia Glew. Este trayecto se convirtió en el germen de su obra literaria, donde los personajes habitan un espacio entre lo cotidiano y lo extraordinario.
El nacimiento de una escritora en el tren
Massolo, tras finalizar sus talleres en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) bajo la guía de Liliana Díaz Mindurry, se apresuraba a tomar el tren que la llevaría de regreso a casa. «Ese tren era mi única opción», comenta. A pesar de la dificultad de pagar su primer libro, el apoyo familiar fue fundamental. «Me costó horrores pagarlo, no tenía plata», agrega.
Una trayectoria marcada por premios y reconocimientos
La carrera de Massolo despegó tras recibir el Premio Juan Rulfo en 2001, un galardón que la posicionó en el ámbito literario internacional. Sin embargo, la autora reflexiona sobre el contraste de su éxito en el extranjero con la escasa visibilidad de sus obras en Argentina, donde se considera «la escritora sin libros».
La observación como fuente de inspiración
Massolo describe su proceso creativo como un constante acto de observación. Muchas de sus historias surgen de la vida cotidiana, de la gente que se sienta en un café, esperando que ocurra algo. «Cuando escribo puedo entrar en trance y, con la inspiración, pierdo la noción del tiempo», confiesa. Su último trabajo, Sol menor, explora la vida de personajes atrapados en la rutina, reflejando su visión única sobre la existencia.
Un futuro lleno de historias por contar
Hoy, la escritora continúa desarrollando su carrera, coordinando talleres y actuando como jurado en concursos literarios. Su pasión por la escritura y la lectura sigue intacta, y su mesa de luz permanece llena de libros. Massolo es una prueba viviente de que las historias pueden surgir en los lugares más inesperados, incluso en un tren a medianoche.
Fuente: La Nación

