La NASA ha aclarado el fenómeno del estruendo sónico generado por los aviones supersónicos, revelando que no se produce únicamente en el instante en que una aeronave supera la barrera del sonido. Este boom sónico es un fenómeno continuo que acompaña al vuelo mientras el avión mantiene una velocidad superior a la del sonido.
Cuando una aeronave vuela a velocidades inferiores a Mach 1, las ondas de presión pueden expandirse a su alrededor. Sin embargo, al superar Mach 1, el avión avanza más rápido que las ondas, creando cambios rápidos de presión conocidos como ondas de choque. Estas ondas se generan en diversas partes de la aeronave, como la nariz, la cabina y las alas, y se combinan a medida que se desplazan hacia la superficie.
La NASA explica que el estruendo no es el resultado de una explosión del avión, sino que es el efecto de las variaciones de presión acumuladas. Las ondas se propagan desde la trayectoria de vuelo, lo que permite que varias personas, ubicadas en diferentes puntos, escuchen el mismo fenómeno.
Además, la altitud en la que vuela el avión influye en la experiencia auditiva. Por ejemplo, un boom generado a 55,000 pies puede tardar casi un minuto en llegar al suelo, lo que significa que el avión ya está a varios kilómetros de distancia del observador en el momento en que se escucha el sonido.
La investigación de la NASA también dio lugar al desarrollo del X-59, una aeronave experimental diseñada para reducir el estruendo del boom sónico. Este proyecto tiene como objetivo reemplazar el ruido tradicional por un golpe más suave, lo que podría permitir vuelos supersónicos comerciales sobre tierra.
El X-59 forma parte de la misión Quesst, que se centra en estudiar cómo se forman y propagan las ondas de choque, así como en cómo se puede minimizar el ruido que llega al suelo. Las investigaciones incluyen pruebas en laboratorios acústicos, túneles de viento y estudios sobre la respuesta de las comunidades ante los sonidos generados por esta nueva aeronave.
La NASA planea volar el X-59 sobre áreas habitadas y recopilar reacciones de la población. Esta información se presentará a los organismos reguladores para contribuir a la creación de estándares internacionales sobre niveles aceptables de ruido para vuelos supersónicos.
Fuente: La Nación
