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El Alerta por el Disminuido Hielo Marino en la Antártida: Un Indicador del Calentamiento Global

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El hielo marino antártico, que se forma durante el invierno como un halo helado que rodea al continente blanco, ha experimentado una notable reducción. Este año, se registró el tercer máximo más bajo desde que se iniciaron las mediciones, según informaron científicos del Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos (Nsidc).

Este fenómeno, que generalmente se expande durante la temporada invernal, es un indicador clave de los cambios que afectan tanto al hielo continental como a los océanos. El doctor Diego Winocur, investigador de la Universidad de Buenos Aires, destacó que el hielo continental crece y se desborda hacia el océano durante el invierno. Sin embargo, en los últimos cinco años, este volumen se ha situado entre los más bajos registrados.

«Es significativo el volumen de hielo que se derrite, lo que se traduce en agua que se vierte al mar, con el potencial de elevar el nivel del mar y afectar a las zonas costeras», advirtió Winocur. Aunque no se prevé un desastre inminente, la reducción del hielo marino es un síntoma de procesos que podrían agravarse en el futuro.

La disminución del hielo marino genera efectos indirectos, ya que un menor volumen permite al océano austral absorber más calor. Además, las plataformas de hielo, que actúan como barreras ralentizando el avance de los glaciares hacia el mar, quedan más expuestas a fenómenos oceánicos extremos.

Desde 1979, los satélites han monitoreado el hielo marino antártico y este año, los datos revelaron que la extensión máxima alcanzó 17,59 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados menos que el promedio esperado. Este pico se registra típicamente durante el invierno antártico, y a partir de septiembre, el hielo comienza a derretirse con el aumento de las temperaturas.

En los últimos años, se han batido récords de baja extensión de hielo marino, tanto en invierno como en verano, lo que ha generado inquietud sobre el impacto del calentamiento global. Los cuatro inviernos con menor extensión máxima de hielo marino antártico desde que existen registros corresponden a los últimos cuatro años. El glaciólogo Lucas Ruiz señaló que estas cifras ya no pueden considerarse excepcionales, sino una tendencia persistente.

Durante junio, la península antártica experimentó una ola de calor, alcanzando temperaturas 20°C por encima de lo normal. Este fenómeno, junto con la presencia de una extensa zona de océano abierto donde debería haber hielo, contribuye a la preocupación general. Según el informe de Copernicus, la temperatura de la superficie oceánica ha aumentado un promedio de 0,12°C por década entre 1982 y 2025.

El fenómeno climático del Súper Niño podría haber influido en estos cambios, pero los expertos advierten que no es suficiente para explicar la situación actual. A comienzos de agosto, el mar de Amundsen perdió hielo en un periodo en el que se esperaba su expansión, lo que se ha vuelto más frecuente e intenso.

El océano ha absorbido aproximadamente un tercio de las emisiones de carbono generadas por la actividad humana y cerca del 90% del exceso de calor, lo que ha llevado a un aumento de la acidez en un 17% desde 1985. Si bien esto no implica que ciudades costeras como Venecia o Mar del Plata enfrentarán un desastre inmediato, hay evidencia del aumento del nivel del mar y sus efectos, como inundaciones más severas.

La posibilidad de un derretimiento acelerado del continente blanco es un tema de discusión activa entre los científicos. Aunque la desaparición total de la Antártida sigue siendo una hipótesis lejana, las proyecciones indican que su desaparición podría elevar el nivel del mar más de 50 metros, un cambio que tendría consecuencias devastadoras.

Fuente: La Nación

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