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25 mayo, 2026, 4:30 am
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La nueva bomba nuclear de EE.UU. que preocupa a Rusia, China e Irán: es hasta 24 veces más potente que la de Hiroshima

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La carrera armamentista nuclear, que parecía haber concluido con el fin de la Guerra Fría, ha vuelto a intensificarse. Para 2026, el desarrollo de tecnología militar se concentra en crear sistemas capaces de penetrar instalaciones subterráneas, evadir defensas inteligentes y realizar ataques de precisión quirúrgica, una estrategia estadounidense que aumenta la tensión geopolítica con Rusia, China e Irán.

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En este contexto, Estados Unidos dio un paso que encendió alarmas globales: el Departamento de Energía solicitó cerca de 100 millones de dólares para poner en marcha el programa NDS-A (Nuclear Disruptive Strike-Air), que busca desarrollar una nueva bomba nuclear antibúnker diseñada para destruir objetivos subterráneos extremadamente protegidos.

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Más que una simple bomba, se trata de una plataforma tecnológica que combina ingeniería avanzada de penetración, sistemas de guiado inteligentes y compatibilidad con aeronaves furtivas de última generación.

### Características de la nueva amenaza nuclear estadounidense

Esta arma forma parte de una estrategia militar destinada a neutralizar objetivos considerados “duros y profundamente enterrados”, como centros de comando subterráneos, bases nucleares y complejos militares protegidos bajo montañas o gruesos recubrimientos de hormigón.

A diferencia de una bomba convencional, que detona en superficie o a cierta altura para maximizar su área de efecto, esta bomba antibúnker está diseñada para perforar terreno, roca o concreto antes de explotar. Su funcionamiento técnico se basa en materiales ultraresistentes, aerodinámica de alta velocidad y mecanismos de detonación retardada.

Actualmente, la principal referencia dentro del arsenal estadounidense es la B61-11, una bomba de gravedad equipada con un cono reforzado de uranio empobrecido que le permite penetrar estructuras subterráneas antes de detonar. El sistema NDS-A busca superar estas capacidades, incorporando tecnologías de mayor precisión y posiblemente sistemas de propulsión que permitan lanzar el arma a mayores distancias.

### El rol del bombardero furtivo B-2

La primera plataforma destinada a transportar esta nueva generación de bombas es el Northrop Grumman B-2 Spirit, uno de los aviones más sofisticados del arsenal estadounidense. El B-2 ya está autorizado para transportar tanto la B61-11 como la GBU-57/B Massive Ordnance Penetrator, una bomba convencional de más de 13 toneladas destinada a atacar instalaciones subterráneas.

Según fuentes del Pentágono, en el futuro se buscará integrar esta nueva arma al Northrop Grumman B-21 Raider, considerado el sucesor natural del B-2.

Este desarrollo avanza en paralelo con la incorporación de la bomba nuclear modernizada B61-13, recientemente presentada por Estados Unidos. Según datos oficiales, la B61-13 posee una capacidad destructiva de entre 340 y 400 kilotones, hasta 24 veces superior a la bomba lanzada sobre Hiroshima, y cuenta con sistemas de guiado de precisión. Sin embargo, las autoridades aclararon que no fue diseñada específicamente para reemplazar a la B61-11 ni para funciones antibúnker extremas.

### Motivos detrás del renovado interés en armas antibúnker

La decisión estadounidense de continuar el desarrollo de este tipo de armamento responde a la expansión y modernización de las instalaciones subterráneas estratégicas de sus adversarios. China invierte miles de millones en automatización militar e infraestructuras subterráneas; Rusia moderniza sistemas hipersónicos y defensas de largo alcance; mientras Irán y Corea del Norte refuerzan complejos enterrados.

El problema para Washington radica en las limitaciones que presentan las bombas convencionales actuales frente a objetivos extremadamente profundos.

Este debate resurgió con fuerza tras los ataques contra instalaciones iraníes durante la Operación Midnight Hammer en 2025, cuando bombarderos B-2 utilizaron bombas convencionales GBU-57/B sobre los complejos nucleares de Fordow y Natanz. Los resultados de esa ofensiva generaron cuestionamientos dentro del aparato militar estadounidense y reforzaron la idea de desarrollar una nueva generación de armas nucleares de penetración avanzada.

La Nación

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