Celia ha encontrado en la isla croata de Hvar un nuevo hogar, donde la crianza de su hija y la vida familiar se entrelazan con un próspero proyecto gastronómico. Desde su llegada, ha experimentado una transformación que contrasta con su vida anterior en Buenos Aires.
La isla, famosa por sus paisajes idílicos y ambiente tranquilo, se ha convertido en el lugar ideal para criar a su hija Emma, quien crece en un entorno seguro y rodeado de naturaleza. Celia asegura que cada día, al ver a su hija, se reafirma en la decisión de haber elegido Hvar como su nuevo hogar.
Un viaje que marcó un cambio radical
El recorrido de Celia comenzó hace diez años, cuando ganó una beca que la llevó a la India. Su vida en Buenos Aires era agitada, llena de estrés y preocupaciones. Sin embargo, el choque cultural fue mínimo al llegar a Hvar, donde la comunidad la recibió con los brazos abiertos gracias a su marido, Marco, un croata que facilitó su adaptación.
Celia destaca la diferencia en la calidad de vida que ha experimentado desde su llegada: “En Argentina todo es preocupación y charla política, entendí hasta qué punto eso afecta la cotidianeidad”. En la isla, el ritmo de vida es más relajado, lo que le ha permitido disfrutar de momentos de calidad con su familia.
El nacimiento de “Don Armando”
La idea de abrir un restaurante surgió de la necesidad de encontrar un lugar donde compartir su cultura. Así, junto a Marco, iniciaron el proyecto “Don Armando”, un espacio donde los sabores argentinos se entrelazan con la calidez de Hvar. A pesar de las dificultades iniciales, el restaurante se ha convertido en un punto de encuentro para locales y turistas.
El camino hacia el éxito no ha sido fácil. Tras enfrentar desafíos burocráticos y la incertidumbre causada por la pandemia, el proyecto se expandió y ahora incluye dos restaurantes y una pizzería en la isla. “Lo más importante fue ver cómo un proyecto que empezó siendo de dos personas terminó convirtiéndose en un proyecto de toda la familia”, afirma Celia.
Reflexiones sobre la vida y la maternidad
Hoy, Celia reflexiona sobre su transformación personal y profesional. La experiencia de vivir en Hvar le ha enseñado a priorizar la calidad de vida y a valorar el entorno en el que crece su hija. “Aprendí a escucharme y entender que necesitaba cambiar de estilo de vida”, dice, evidenciando el impacto que ha tenido la maternidad en su vida.
La historia de Celia y su éxito en Hvar se erige como un testimonio de resiliencia y adaptación, demostrando que, a veces, un cambio de escenario puede brindar nuevas oportunidades y perspectivas. Su relato invita a otros a explorar el mundo y encontrar el lugar donde realmente quieren vivir.
Fuente: La Nación

